LA IDEALIZACIÓN

30/Noviembre/2020 LA IDEALIZACIÓN

Cristina Marín

Es bien sabido que nadie es perfecto, pero sin embargo, tendemos en ocasiones a idealizar a los demás. En primer lugar, no debemos confundir idealizar con admirar. Según lo veo yo, la admiración tiene un componente más realista, en el que nos gustan ciertas cualidades de uno sin que por ello quedemos automáticamente ciegos para ver a esa persona al completo, con sus virtudes y defectos. La admiración es necesaria en cierta medida para nuestras relaciones, si no admiráramos ciertos rasgos o características, quizás no nos sentiríamos atraídos ni interesados por nadie. 


La idealización, tiene aspectos dañinos, pero no solo para la persona que idealiza, sin también para la persona que es idealizada por un otro. En este artículo, pretendo hacer una breve reflexión de algunos de estos aspectos. 


Entre todas las personas que conocemos siempre hay algunas de ellas que se nos antojan fantásticas, y a de las cuales solos vemos virtudes y cosas positivas. Es como si subiéramos a esa persona a un pedestal, y con cada una de esas miradas de admiración, este fuera subiendo, subiendo y subiendo, hasta casi desaparecer entre las nubes. Se convierte en inalcanzable y perteneciente a un linaje de divinidades, al que por consiguiente, y siendo los que miramos desde abajo, nosotros nos pertenecemos. 


Al posicionar a una persona por encima, automáticamente nos colocamos a nosotros mismos por debajo, estableciendo una comparación inevitable en la cual se ponen en tela de juicio la valía de todas y cada unas de las características distintivas que pueden definirnos. De repente, somos menos o en el peor de los casos, no somos nada ni nadie. Nos despojamos de esa importancia innata que tenemos solo por el hecho de existir, y pasamos a ser seres anhelantes de lo que el otro tiene, en perjuicio por supuesto, de nuestra propia autoestima. 


Además, en ocasiones, se produce una dependencia emocional de la persona a la que idealizamos, pues si hemos sido elegidas como amigxs, mano derecha o pareja, nos sentiremos muy afortunados. Esta elección produce en nosotros también un efecto tremendamente narcisizante, puesto que si ese otro idealizado nos elige, de alguna manera recibimos una imagen de nosotros mismos de que somos valiosos y deseables, por alguien que consideramos perfecto. 


Ahora bien, ¿Qué pasa con la persona idealizada?, pasa que idealizándola, que a priori podría parecer algo halagador y deseable, estamos negándole una parte de sí misma. Es como si nos quedáramos solo con un torso “perfecto” pero no viéramos un rostro o unas extremidades que inevitablemente forman también parte de él. Además, suele ocurrir que tras idealizar, cuando poco a poco esa persona se va bajando de ese pedestal en el que le hemos colocado, y pone los pies en el mismo suelo mundano que pisamos nosotros, y empezamos a ver que respira, envejece, que a veces tiene mal genio, o cualquier otra cualidad que habíamos negado (porque la gente perfecta no es así), nos decepcionamos. Pero esa decepción, ¿Es culpa del otro, o de nosotros mismos?, ¿Acaso el idealizado a deseado serlo? ¿o hemos sido nosotros quienes hemos negado aquellas partes que no queríamos ver?. 



La idealización en el vínculo terapéutico


Puede ocurrir que del mismo modo que pasa en nuestra vida corriente y diaria, la idealización se de dentro del contexto de la terapia. En ocasiones, al presentar al paciente nuevas formas de ver su vida, sus relaciones, etc, que le ayudan a solventar sus conflictos, al presentarnos comprensivos y empáticos, apoyarles en el cambio y reforzar positivamente los mismo, el paciente puede empezar a vernos, y venerarnos en consecuencia, como si fuéramos una especie de seres omnipotentes que todo lo sabemos, y que por supuesto, gestionamos todo perfectamente, no tenemos problemas y si los tenemos, sabemos arreglarlos sin casi parpadear. 


Es por ello, que conviene recordarle de tanto en cuanto al los pacientes a los que esto les ocurre, que somos de carne y hueso, como ellos, que también sentimos, nos confundimos, y en muchas ocasiones nos sabemos solucionar nuestros propios problemas y debemos atender también nosotros a revisarlos. El poder trabajar en la terapia la idealización en el vínculo terapéutico, nos aportará un ejemplo muy valioso de como esto ocurre en su vida cotidiana.