LA AUTOESTIMA BASADA EN EL SER

23/Enero/2021 LA AUTOESTIMA BASADA EN EL SER

Ínsula

Definimos autoestima como el aprecio o la consideración que uno tiene por sí mismo, y solemos basarla en cualidades tanto externas como internas que creemos que nos definen. Algunas de estas cualidades las valoramos muy positivamente y las aceptamos, exhibimos orgullosos, sin embargo, hay otros aspectos de nosotros mismos que solemos rechazar, bien porque no nos gusta, bien porque son rasgos criticados o censurados social o familiarmente, etc. 


La tendencia cuando detectamos que una persona tiene baja autoestima, y no hablo solo dentro del contexto de la terapia, sino entre amigos, conocidos, etc, es a enumerar aquellas cualidades que consideramos positivas de esa personas o incluso a preguntarle a ella misma si es capaz de reconocer esos aspectos. 


Momentáneamente, esto puede funcionar y crear un instante de refuerzo positivo, y puede venir bien para que esa persona tenga un visión objetiva de sí misma. Sin embargo, el encontrar nuestra autoestima a través de la evaluación externa o nuestra propia autoevaluación, puede generar el efecto contrario, una gran inseguridad, puesto que estaremos basando la misma en logros, resultados y demás cosas tangibles, dependiendo pues, de sacar un aprobado que confirme nuestra valía personal. 


Evolutivamente, el hecho de que basemos nuestra valía en los hecho y los logros tienes cierto sentido: Cuando una bebé nace apenas hace nada, come, duerme, llora, pero ni sonríe ni hace alarde de ninguna habilidad que pueda resultarnos valoradle por sí misma. Sin embargo, al bebé se le quiere, se le cuida, no hace falta que haga nada para quererle y valorarle. Se le quiere porque Es, porque existe. Según ese bebé va creciendo, va empezando a hacer cosas, sonríe, saluda, empieza a decir sus primeras palabras, y con cada logro solemos expresarle el reconocimiento tanto en palabras (“que dibujo más bonito, a mamá le encanta”) como con nuestro lenguaje no verbal (una sonrisa, mirada de orgullo…etc). Esto hace que poco a poco esa valía que cuando éramos bebés se basaba en nuestra sola existencia, comienza a basarse también en las habilidades y cualidades que mostramos, es decir, en lo que hacemos. Es inevitable que este proceso ocurra, y en sí no es algo negativo, pero el riesgo es que se nos acabe valorando, y/o nos acabemos valorando a nosotros mismos, única y exclusivamente por el Hacer y nos olvidemos de nuestro valor por Ser. 


Cuando amamos a otra personas, por supuesto que valoramos sus características y competencias, pero debajo de eso hay un afecto, un vínculo de apego en el que prima un interés genuino por el bienestar del otro, que nos invita a cuidarle con ternura y del que emana un deseo de acompañarle y compartir sus experiencias sean de la índole que sean. ¿Por qué entonces cuando se trata de amarnos a nosotros mismo lo hacemos desde la evaluación de competencias?


Lo suyo sería que nuestra autoestima se basara en una mirada honesta y compasiva hacia nosotros mismo, en la que nuestras partes “negativas” no fueran escondidas o negadas, sino reconocidas y abrazadas con ternura. 


“LO QUE SOY BASTARÍA SI LO FUERA HONESTAMENTE” (C. Rogers)