LA RESPONSABILIZACIÓN COMO ALTERNATIVA A LA CULPA

15/Octubre/2021 LA RESPONSABILIZACIÓN COMO ALTERNATIVA A LA CULPA

Cristina Marín

La culpa es una emoción que aparece cuando sentimos que algo que nosotros hemos hecho ha tenido una efecto negativo en el otro. La cuestión es que muchas veces nos sentimos culpables y nos “fustigamos” por actos, que si bien los hemos provocado nosotros, esto no implica que nos maltratemos y que esa culpa pese más que las emociones que pueden estar en juego en las circunstancias concretas. 


Me doy cuenta en mi vida cotidiana y en la sesión con mis paciente de como muchas personas están instaladas en la culpa, de cuántas veces nos sentimos de este modo, y de como al sentirnos así nos fustigamos y paralizamos. La culpa, bajo mi punto de vista, tiene un matiz negativo y no constructivo. Cuando nos culpabilizamos asumimos el daño hecho al otro, pero en ocasiones no nos hacemos cargo de nuestra parte, de aquello que nos ha empujado o motivado hacer lo que hayamos hecho. Además, a veces nos sentimos culpables por que vemos las consecuencias para el otro, pero no por qué nosotros pensemos que lo que hemos hecho esté mal. Desde la culpabilización muchas veces no se puede resolver. La culpa a veces paraliza y nos deja en un bucle en el que estamos evocados a sentirnos mal, pero no podemos poner en marcha recursos para tratar de resolver lo acontecido. 


Tenemos tan instaurado este concepto, que se nos olvida que disponemos de otro que, si bien alude a lo mismo, en mi opinión tienen matices muy diferentes: La responsabilidad. Pero, ¿Qué diferencias hay entre responsabilidad y culpa? 


Pues bien, responsabilizarnos tiene que ver con hacernos cargo de lo que sentimos, pensamos, hacemos y decimos. Tiene que ver con asumir que lo que siento, pienso, hago y digo proviene de alguna necesidad propia, o es consecuencia de un estímulo que ha impactado de determinada manera en mí. Pero también es asumir que lo que yo sienta, piense, haga o diga puede tener efecto positivos o negativos en los que me rodean. El otro por tanto, es responsable de lo que hace, siente, dice y piensa, y en consecuencia, no podemos hacernos cargo de aquello que es responsabilidad de los otros. 


Si yo digo algo que provoca una reacción de tristeza en el otro, yo seré responsable de haber dicho lo propio, a sabiendas de que podía poner triste al otro, pero el sentirse triste, es responsabilidad de esa persona, puesto que si no fijamos, eso mismo que yo he dicho, en otra persona puede provocar enfado, frustración, o cualquier otra reacción emocional. En sesión con pacientes, en referencia a esto, insistió mucho en la utilización del lenguaje, puesto que no es lo mismo decir por ejemplo, “me has puesto triste” que decir “lo que has hecho me hace sentir triste”. En esta última manera, uno se hace cargo de la emoción que está sintiendo, y también responsabilizamos al otro de sus palabras, mientras que en la primera afirmación, solo culpabilizo al otro y dejamos nuestras emociones en sus manos. 


La responsabilización, en contraposición a la culpa, es constructiva, implica el hacernos cargo de lo nuestro, y poder avanzar hacia una resolución de la situación. Si yo tomo conciencia, por ejemplo, de que haciendo las cosas de un determinado modo suelo hacer daño a los otros, quizás pueda asumir el hecho de que, que los demás quieran alejarse tiene que ver con mis manera de hacer o decir las cosas, y responsabilizarme de esto me ayudará a formar parte de manera activa en la solución del problema y no quedarme en la incomprensión, o la culpabilización de los otros. 


En resumen, la culpa implica condena, penitencia, y sufrimiento, mientras que la responsabilidad implica reflexión.